En ocasiones damos con lugares muertos, estructuras abandonadas a su suerte que frente al devenir del tiempo, permanecen firmes y presentes en el paisaje contemporáneo carentes , en muchas ocasiones, de indentidad o significado. Su presencia nos conmueve al toparnos con ellos, pues son templos sin identificar, sin una ficha histórica, sin localización, y sus paredes albergan miles de historias y sucesos que nunca se desvelarán.

Esta serie de imágenes muestra el no-lugar que permanece como cadáver tras la pérdida de su memoria, de su espíritu, que a diferencia de su estructura, es vulnerable al paso del tiempo. Si el progreso de la tecnología deja a la historia y a sus objetos históricos atrás, ¿cómo sabremos en un momento dado de dónde venimos?.